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Entrevistas

Vicente Moret Bonillo

Coordinador Grupo LIDIA

Vicente Moret Bonillo

Nació en Valencia (España) en 1962. Licenciado en Química y Doctor en Física por la Universidad de Santiago de Compostela, se especializó en monitorización y control de variables hemodinámicas, para evolucionar luego hacia la aplicación de técnicas de inteligencia artificial en la retirada de la ventilación mecánica del paciente crítico. Desde agosto de 1988 hasta septiembre de 1990 desarrolló su investigación como post-doctoral fellow en el Departamento de Ingeniería Biomédica del Medical College of Georgia (EEUU).

En la actualidad es Profesor Titular de Universidad del Departamento de Computación de la Universidade da Coruña, y coordinador del grupo de investigación LIDIA en el CITIC. Es autor de más de 140 contribuciones en publicaciones indexadas de reconocido prestigio internacional, y ha dirigido hasta la fecha 7 tesis doctorales. Ocupó los cargos de Adjunto al Vicerrectorado de Investigación, Director de los Servicios Generales de Apoyo a la Investigación, y Director en Funciones de la OTRI. En 2006 fue nombrado Senior Member de la prestigiosa sociedad científica internacional IEEE.

>>Usted pertenece a uno de los grupos de investigación más activos de la Universidad; ¿en qué líneas de investigación/proyectos trabajan actualmente?

Fundamentalmente trabajamos en inteligencia artificial, y en el desarrollo de sistemas informáticos que operan en dominios complejos. Nuestro enfoque es integral. Con esto quiero decir que nos preocupan aspectos teóricos, aproximaciones metodológicas, diseño y aplicación de técnicas y, finalmente, el desarrollo de aplicaciones. Nuestro mayor interés está en la generación de conocimientos y en que los resultados de nuestras investigaciones supongan un beneficio para la sociedad. No nos gustaría que nuestro trabajo se quedase olvidado en un cajón. Buscamos rentabilidad académica y social.

 

>>Dentro de sus líneas de investigación, ¿Cuál diría que es la más apasionante?

Personalmente estoy muy interesado en las posibilidades de la computación reversible. Pero esto es casi un juego académico. Como grupo tenemos mucha experiencia en aplicaciones médicas de la inteligencia artificial, y en sistemas inteligentes de monitorización, seguimiento y control. En estos campos somos titulares de un buen número de patentes. La última de ellas es MIASOFT, un software integrado para la monitorización inteligente del Síndrome de Apneas-Hipopneas del Sueño (SAHS), resultado de más de quince años de investigación financiada por proyectos competitivos, autonómicos y estatales. El programa desarrollado analiza las señales monitorizadas en pacientes sometidos a la polisomnografía nocturna: tanto las señales relacionadas con la función respiratoria del paciente, como las relacionadas con el sueño del paciente.

 

>>Dicha línea, ¿puede tener aplicación directa en la sociedad? 

No voy a contestar directamente a esta pregunta, pero le contaré una bonita historia. Hacia 1926, la necesidad de una formulación relativista para la mecánica cuántica era evidente y mantenía ocupados a algunos de los físicos teóricos más brillantes de la época. La primera descripción cuántico-relativista para el electrón fue lograda por Paul Dirac en Cambridge. La teoría de Dirac predecía la existencia de un conjunto de estados de energía negativa, idénticos al conjunto de estados de energía positiva que él se proponía encontrar. Esto fue visto como un defecto de la teoría, pues sugería la existencia de una partícula idéntica al electrón, pero de carga positiva, que hasta entonces nadie había observado. La crítica fue feroz, sin embargo Dirac no se rindió, y en 1931 postuló la existencia de electrones positivos como la única interpretación posible a su teoría. La controversia fue resuelta algo más tarde por otro científico, esta vez experimental.

En 1932 Anderson obtuvo la primera imagen clara de una partícula que, por el tipo de trayectoria, debería tratarse de un electrón, sólo que su curvatura era inversa a la de una partícula negativa. Anderson, que no conocía la predicción de Dirac, publicó su resultado concluyendo que se trataba de un electrón positivo o positrón. Hoy, los positrones, nacidos en el seno de la física más teórica y abstracta, son fundamentales en la llamada tomografía por emisión de positrones o PET, que es una es una tecnología sanitaria propia de una especialidad médica llamada medicina nuclear, y son esenciales para –entre otras cosas- la lucha contra el cáncer. Las conclusiones de esta historia son suyas.

 

>>Con una dilatada experiencia internacional, investigadora y docente, ¿cuál cree que ha sido el momento clave de su carrera? 

No puedo hablar de un momento esencialmente clave en mi carrera como profesional de la investigación y de la docencia. En mi vida profesional ha habido muchos episodios estimulantes. Es cierto que tengo muchos recuerdos agradables. Por ejemplo, en 1990 los editores de una conocida revista científica del ámbito de la ingeniería clínica decidieron que un artículo mío constituía una contribución significativa y  de especial relevancia. Esto era muy extraño, porque el contenido del artículo era teórico, pero me concedieron un “Award of Merit”. Tenía 28 años.

Mucho más tarde, creo que fue en 2006, también me hizo mucha ilusión que la prestigiosa sociedad IEEE me distinguiera con la categoría de “Senior Member”. Pero si tengo que destacar lo que usted ha llamado “el momento clave” de mi carrera, tengo que referirme al 24 de junio de 1988, que fue el día en que defendí mi tesis doctoral en el aula magna de la facultad de física de la Universidad de Santiago  de Compostela. Lo que debía ser un solemne acto académico acabó siendo una jornada científica muy divertida y muy ligera de formas. Cuando llegó el turno de preguntas intervino mucha gente del público. Yo creo que hasta el bedel, que no era doctor pero como si lo fuera, me hizo alguna pregunta. La verdad es que nos lo pasamos muy bien. Después de la defensa de mi tesis nos fuimos a celebrarlo. La celebración fue de tal magnitud que uno  de los miembros del tribunal, el Dr. John R. Searle, me ofreció un puesto de trabajo como “post-doctoral fellow” en su universidad de Georgia. Y ahí empezó mi aventura en los Estados Unidos.

>>Ud. Trabajó en EEUU. ¿Cuál diría que es la mayor diferencia entre el modelo de investigación norteamericano y el español?

Pues la respuesta  a su pregunta es tan sencilla como dura pueda parecerle a más de uno: El modelo de investigación norteamericano (y me refiero al estadounidense, que es el que conozco) funciona. Por el contrario, el modelo español no funciona, y puede que hasta ni siquiera exista. Y no me refiero a los investigadores españoles. De hecho los hay excelentes, pero: (1) ni tienen medios ni están reconocidos socialmente, (2) en muchos casos se les abruma con una carga docente exagerada, (3) se les abruma también con cuestiones burocráticas y administrativas que caen fuera de sus obligaciones como investigadores, (4) la precariedad del investigador en formación es insultante… Y así podríamos seguir un buen rato.

Mire usted, le pongo un ejemplo: En los Estados Unidos la parte contratante (universidad, centro tecnológico o empresa) tiene muy claro que el tiempo de investigador es mucho más caro que el tiempo de administrativo. Por ello al investigador le exigen que haga bien su trabajo, y al administrativo también. La cuestión es que ambos trabajos son diferentes. En donde yo investigaba, si para organizar la asistencia a un congreso dejaba el laboratorio y me iba a la agencia de viajes me podían hasta despedir. Yo no estaba haciendo el trabajo para el cual me habían contratado, pero el administrativo tampoco. No me quiero alargar mucho más, pero creo que el modelo de investigación español es muy malo. Desgraciadamente sigue en vigor el pensamiento de Ortega: “Investigar en España es llorar”… Aunque, evidentemente, algo hemos mejorado desde los Reyes Godos.

 

>>¿Cómo ve el estado actual de la Investigación dentro de la Universidad? ¿Y el futuro?

La investigación en la universidad sigue siendo el patito feo de la investigación en España, a pesar de que es en la universidad donde más (y probablemente mejor) se produce. Problemas que también existen en otras instituciones que se dedican a la investigación, como son la falta de medios, la precariedad en la organización del trabajo, las sobrecargas laborales, y el exceso superlativo de papeleo, se multiplican en las universidades españolas. Además, para la opinión pública la investigación en la universidad viene a ser algo parecido a una actividad superflua que sirve para que el universitario se lo pase bien, gaste dinero público, e imparta menos clases de las que tendría que impartir si no se dedicara a la investigación…

En todo caso, hemos mejorado mucho. Sin embargo, o se corrigen importantes deficiencias estructurales, o el futuro no lo veo nada claro. Es una pena, pero la sociedad está desperdiciando el enorme capital intelectual que se genera en la universidad. Investigadores incluidos, claro.

 

>>¿Hacen falta cambios? ¿Cuáles?

En mi opinión la investigación necesita grupos consolidados para poder desarrollarse convenientemente. También debe tender hacia la interdisciplinariedad en el marco de la rentabilidad social, económica, y de generación de conocimientos. Por último debe crearse el clima apropiado para el establecimiento de sinergias. Y digo “establecimiento de sinergias”, no “imposición de sinergias”. Un ejemplo de ello lo tenemos en los programas de movilidad. Alguien se dio cuenta de que la movilidad de investigadores es buena. Yo comparto esta idea. El problema es que ahora llega el legislador, legisla, y ¡hala, todos a moverse!...  No importa ni cómo ni con quien, pero a moverse. No parece muy razonable.

Mire usted, yo la cuestión la comparo, permítame, con la práctica del sexo. El sexo, para ser de calidad, necesita un ambiente adecuado, una cierta estabilidad emocional, no obsesionarse con un resultado inmediato, medios, y confianza. Tampoco pasa nada si alguna vez no sale bien… Un gatillazo lo tiene cualquiera. El problema es cuando los gatillazos se repiten. En este caso algo pasa. Pero hasta los mejores científicos (y sobre todo ellos) han tenido épocas de sequía (hablo ahora de investigación). Pero se sigue adelante porque el sistema suministra las condiciones adecuadas. Al investigador hay que dejarle que haga su trabajo sin presiones.

Esto lo saben muy bien las grandes empresas de I+D.  Por ejemplo, los laboratorios Bell  dotan inmensas instalaciones de personal y de material para que investigadores, preferiblemente jóvenes, hagan lo que quieran (o casi). Así apareció el “transistor” descubierto por Brattain, Bardeen y Shockley. No hace falta mencionar que los transistores revolucionaron el mundo de la electrónica. Y todo empezó porque tres científicos jóvenes y curiosos, por razones que sólo ellos conocen, quisieron averiguar qué sucedía cuando se hacía pasar corriente eléctrica a través de pequeños fragmentos de un elemento químico oscuro, feo, y poco importante, denominado Germanio… Eso sí, lo hicieron sin presiones.

>>Ud. Forma parte activa del CITIC. ¿Qué puede ofrecer dicho centro a un grupo de investigación como el suyo? ¿Qué puede ofrecer a las empresas?

Yo creo en la filosofía del CITIC. Por eso estoy aquí. Para contextualizar la respuesta, y simplificando mucho, le diré que el investigador debe investigar, y eso se hace sin plazos (o con plazos razonables), y sin presiones (o con presiones razonables). Por otra parte las empresas están para colocar productos y servicios en la sociedad, y también para ganar dinero. Pero la competencia del mercado supone que se trabaje a corto plazo, y bajo mucha presión. Visto así parece que no hay mucho que hacer. Pero si consideramos ahora la palabra mágica “innovación” estamos ante un puente de oro en las relaciones investigación-empresa. Y es precisamente en centros como el CITIC en donde se establecen de manera espontánea las sinergias necesarias de las que hablábamos antes. Con centros como el CITIC todos ganamos.

 

>>¿Se debe profesionalizar la investigación? O dicho de otra forma, ¿cree que sería beneficioso incluir dentro de los grupos de investigación perfiles más cercanos a la empresa?

Vuelvo a mi planteamiento anterior. La investigación ya está profesionalizada. Yo mismo soy un profesional de la investigación. Otra cosa es lo del perfil investigador más cercano a la empresa.  En líneas generales yo creo que no. Lo que ocurre es que el investigador posee cosas que son interesantes para la empresa. Y la empresa posee cosas que son interesantes para el investigador. Si nos ponemos de acuerdo todos ganamos, y la sociedad se beneficia. Y ello, insisto, se consigue con intermediarios como el CITIC, que debe aspirar a manejar con soltura ambos lenguajes: el del investigador y el de la empresa.

 

>>¿Último libro que haya leído? ¿Qué libro recomendaría a alguien ajeno a la investigación científica?

Ahora mismo estoy terminando de leer “Los templarios y otros enigmas medievales”, un libro muy interesante y ameno de Juan Eslava Galán. En cuanto a mi recomendación para alguien ajeno a la investigación científica, permítame sugerirle dos títulos: “Uno, dos, tres... infinito” escrito por George Gamow, uno de los pioneros de la física cuántica del siglo XX, y “¿Está usted de broma, Sr. Feynman?”, en el que se cuentan historias del genial Richard Feynman recogidas y escritas por Ralph Leighton.


19 de novembro de 2010

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